Septiembre de 1976, nace la leyenda destinada a ser el mejor 9 de la historia. En una época en la que jugar con extremos “cukis” a pierna cambiada no “estaba de moda”, lo que buscaban los equipos que querían gol era apoyarse en el 9. A ser posible, en un jugador determinante, con carisma, al que echarle la pelota y “ya se encargará él”. Durante los años 90 se popularizaron términos para clasificar a los diferentes tipos de delanteros más comunes: los “bajitos y habilidosos”, los “rematadores natos”, el “falso 9”, los delanteros “tanke” y… ¡RONALDO!

Ronaldo Luís Nazário de Lima, para muchos el auténtico Ronaldo, era una clasificación de delantero en sí mismo. Si había algún jugador capaz de destrozar una férrea defensa en cualquier momento era él: magia, velocidad, potencia y pasmosa facilidad para el gol. Si te dieran a elegir solo un delantero para tu equipo, la elección era unánime: Ronaldo. Los niños de los 90 trataban de imitar a sus ídolos, sin embargo, jugar a imitar a cualquier otro delantero era molón y menos frustrante. Jugar a imitar a Ronaldo era imposible de imaginar y, hasta en tus sueños más bravos, te conformabas con menos.

Si aún no sabes quien es de verdad Ronaldo, te queda mucho por aprender pequeño saltamontes. 😉

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